Ttransportistas cierran carretas en todo el país por violencia; no es por temas fiscales, como dijo Sheinbaum

Por. J. Jesús Lemus

El rugido de los motores diésel no resuena esta mañana a lo largo del territorio mexicano con el ritmo habitual del comercio y el abastecimiento. En su lugar, el país amanece sumido en una parálisis vial sin precedentes, provocada por miles de camiones de carga, tráileres y autobuses atravesados en las principales arterias de la nación.

La jornada de hoy, 27 de octubre de 2026, marca el punto de inflexión de un gremio que ha llegado al límite de su resistencia. Los trabajadores del volante, hombres y mujeres que día a día recorren las venas asfaltadas del país, han levantado la voz en un paro nacional y permanente para exigir algo elemental: el derecho a trabajar sin arriesgar la vida.

La indignación recorre las carreteras de punta a punta, pero también choca contra la postura oficial emanada desde el Palacio Nacional. Durante sus intervenciones públicas, la presidenta Claudia Sheinbaum intentó desestimar las motivaciones de la movilización, sugiriendo que detrás de los paros y las huelgas existen intereses de índole fiscal o agendas de presión tributaria.

La respuesta del sector de transporte ha sido contundente y unánime. Los líderes gremiales de organizaciones como la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga, la Federación Mexicoamericana de Transportistas y la Alianza Mexicana de Organizaciones de Transportistas han rechazado categóricamente la narrativa gubernamental.

A través de asambleas a pie de carretera y pronunciamientos públicos, los choferes han dejado claro que sus demandas nada tienen que ver con impuestos, deducciones ni esquemas contributivos. La única exigencia que sostiene esta protesta masiva es el alto a la ola delictiva que ha convertido los caminos de México en polígonos de tiro y zonas de aduana para el crimen organizado.

Es por la ola de violencia que se vive en las carreteras

La realidad que se vive en la cabina de un camión dista enormemente de los discursos oficiales. Viajar por las carreteras mexicanas se ha transformado en una ruleta rusa donde los choferes se enfrentan cotidianamente a emboscadas con armas de alto calibre, secuestros exprés, extorsiones y asesinatos impunes. Los testimonios acumulados en las últimas semanas retratan pasajes de auténtico terror.

En tramos fatídicos como las Cumbres de Maltrata, en los límites entre Veracruz y Puebla, o en la autopista Arco Norte, las bandas criminales emplean retenes falsos equipados con patrullas clonadas y torretas luminosas para obligar a los pesados transportes a detenerse. Aquellos conductores que intentan esquivar el engaño son recibidos con ráfagas de fusiles de asalto dirigidas directamente a la altura del parabrisas.

Los relatos de las víctimas no dejan lugar a dudas sobre la gravedad de la crisis. Hace apenas unos días, en la autopista México-Querétaro, un operador de carga pesada fue alcanzado por disparos de arma de fuego tras negarse a bajar de la unidad durante un intento de atraco; los delincuentes no solo se apoderaron de la mercancía, sino que abandonaron al conductor herido a la orilla del asfalto.

Situaciones similares se repiten de forma cotidiana en la autopista México-Puebla y en la vía Cuacnopalan-Oaxaca, donde se han reportado casos de choferes privados de la libertad durante días dentro de sus propios remolques, privados de agua y comida, mientras los delincuentes vacían las cajas de carga o exigen rescates a sus familias. Más grave aún es el fenómeno de las células armadas que arrojan ponchallantas masivos para obligar el vuelco de las unidades y concretar no solo el robo del contenedor, sino la agresión física inmediata contra los tripulantes.

Violencia en el transporte, al alza

Las estadísticas oficiales reflejan una crisis que ha rebasado por completo la capacidad de contención de las fuerzas de seguridad pública. De acuerdo con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante los primeros nueve meses de este año 2026 se registraron un total de 3 mil 646 denuncias formales por robo a transportistas en todo el país.

Tan solo en el mes de septiembre recién concluido, las fiscalías estatales abrieron 414 carpetas de investigación por este delito, lo que equivale a un promedio aterrador de casi 14 asaltos violentos consumados por día. En lo que va del presente periodo gubernamental, la cifra acumulada roza los 12 mil incidentes denunciados.

Sin embargo, las propias cámaras del sector advierten que estos datos representan únicamente una fracción del problema. Existe una cifra negra superior al cincuenta por ciento derivada de aquellos eventos que no se denuncian debido al temor a represalias de los grupos delictivos o al desánimo ante la inoperancia y burocracia de los ministerios públicos.

El mapa del delito y el bloqueo en carreteras

La geografía del delito dibuja un mapa de alto riesgo bien definido, centrado en el corazón logístico del país. Los informes oficiales colocan al Estado de México, Puebla, Guanajuato, Michoacán, San Luis Potosí y Veracruz como los epicentros con mayor incidencia de atracos con violencia.

Es en estas entidades donde los grupos delictivos han perfeccionado su modus operandi, utilizando tecnología de bloqueo de señal satelital para inhabilitar el rastreo de GPS de las unidades en cuestión de segundos, dejando a los operadores completamente incomunicados en medio de la noche.

Ante la falta de garantías para preservar su integridad física y sus medios de subsistencia, los transportistas han tomado los puntos neurálgicos de la infraestructura carretera nacional. Este martes 27 de octubre, la red vial del país amaneció severamente afectada por bloqueos totales, cierres parciales y plantones con unidades estacionadas en los acotamientos.

Los accesos y salidas del Valle de México registran las mayores complicaciones operativas. En la autopista México-Pachuca, a la altura de la caseta de Ecatepec, los camiones mantienen un bloqueo intermitente que ahoga el flujo vehicular hacia la capital. La autopista México-Querétaro presenta afectaciones críticas con concentraciones masivas a la altura de Cuautitlán Izcalli y en la plaza de cobro de Tepotzotlán, así como en el nudo vial de Palmillas.

La autopista México-Toluca registra afectaciones severas en el tramo de Lerma y la caseta de La Marquesa, al tiempo que en el Arco Norte los manifestantes impiden el paso en los entronques estratégicos de Atotonilco de Tula y la conexión con la vía a Pachuca.

En el oriente y sur de la zona central, la autopista México-Puebla permanece paralizada en la caseta de San Martín Texmelucan, mientras que la vía Puebla-Orizaba acumula kilómetros de filas en la caseta de Amozoc y en el tramo de Acatzingo a Esperanza. En el estado de Morelos, la autopista México-Cuernavaca y el Paso Exprés amanecieron colapsados por movilizaciones en los accesos de la Paloma de la Paz y la zona de Polvorín.

El estado de Veracruz se posiciona como una de las entidades con mayor número de tramos tomados, destacando los bloqueos en la autopista Córdoba-Orizaba a la altura de San Cristóbal y Cumbres de Maltrata, el tramo Xalapa-Banderilla, la caseta de Fortín y el corredor industrial del kilómetro 13.5 en el puerto de Veracruz.

El impacto de la protesta se extiende con igual fuerza hacia el Bajío y el norte del país. En Guanajuato, los transportistas mantienen unidades estacionadas y marchas lentas sobre la carretera federal 45 a la altura de Silao e Irapuato, estrangulando el acceso a Puerto Interior.

En Jalisco, los puntos de protesta se concentran en la Venta del Astillero, la carretera a Chapala y las casetas de Acatlán y La Joya. En la franja fronteriza, los accesos a la aduana internacional de Tijuana en Baja California y la carretera a Laredo en Nuevo León registran asentamientos de tráileres que impiden el paso del comercio exterior. Mientras tanto, en las carreteras del sureste, como la vía Cuacnopalan-Oaxaca y la autopista Tehuacán-Oaxaca, el tránsito se encuentra suspendido en ambos sentidos.

El paro nacional de transportistas no es una medida repentina ni una bandera política expedita; es el grito desesperado de un sector fundamental para la economía nacional que se niega a seguir poniendo los muertos de la violencia criminal.

Mientras las unidades permanecen detenidas sobre el asfalto y las filas de vehículos particulares se extienden por kilómetros, los trabajadores de la carga esperan una respuesta que no pase por la descalificación retórica, sino por el despliegue efectivo de la Guardia Nacional y el restablecimiento del estado de derecho en las carreteras de México.