El Ascenso de Los Delta, de la Guardia Táctica del CJNG a Cártel con presencia nacional

Por. J. Jesús Lemus

En la compleja cartografía del crimen organizado en México, pocas estructuras han experimentado una mutación tan acelerada como Los Delta. Nacidos originalmente como una célula de seguridad interna y un brazo armado especializado en la Zona Metropolitana de Guadalajara, esta facción ha dejado de ser un mero grupo de choque urbano para consolidarse como una columna vertebral estratégica en la expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Su capacidad de fuego, el adiestramiento de sus integrantes y la implementación de tácticas de inteligencia urbana y paramilitar les permitieron posicionarse como el instrumento preferido de la cúpula del cártel para disputar, arrebatar y administrar territorios de alto valor geopolítico.

El salto cualitativo de Los Delta se comprende a través de su capacidad para operar en dos frentes simultáneos: el control de mercados criminales complejos en grandes urbes y la incursión armada en regiones rurales y costeras históricamente dominadas por otros grupos.

En años recientes, esta célula ha sido clave para desactivar las estructuras remanentes de organizaciones rivales y afianzar la hegemonía del CJNG en corredores continentales que conectan el Pacífico mexicano con el norte del país.

Los Delta surgieron bajo la necesidad del mando central de crear una fuerza de élite con capacidad para enfrentar tanto a las fuerzas federales como a grupos rivales de alto impacto. La dirección de esta estructura ha estado históricamente asociada a Armando Gómez Núñez, conocido en el ámbito criminal como “Delta 1” o “El Máximo”. Bajo su mando, la facción perfeccionó esquemas de reclutamiento, logística de armamento de alto calibre e inteligencia táctica.

A diferencia de las cuadrillas tradicionales de sicarios, Los Delta operan mediante células semiindependientes marcadas por una jerarquía numérica que va desde los primeros mandos estratégicos hasta mandos operativos territoriales.

Esta fragmentación interna les ha permitido mantener operatividad incluso tras golpes judiciales o la captura de liderazgos clave. Asimismo, la coordinación de esta célula se entrelaza de manera directa con figuras de primer nivel en la estructura global del cártel, actuando en sintonía con operadores regionales en el occidente del país.

Su catálogo operativo incluye desde el control de la distribución local de narcóticos hasta esquemas de extorsión sistemática, aseguramiento de casas de seguridad y neutralización de objetivos específicos mediante operativos relámpago en zonas urbanas densamente pobladas.

La Sucesión del Dominio de H2 y Los Dámaso

El caso de Nayarit representa una de las maniobras geopolíticas más relevantes de Los Delta. Durante años, el estado de Nayarit funcionó como un feudo fortificado bajo el control de la estructura de Juan Francisco Patrón Sánchez, alias el “H2”, un poderoso capo vinculado a los Beltrán Leyva que mantenía un férreo monopolio sobre las rutas de transporte y la infraestructura institucional.

Tras el abatimiento de H2 en Tepic en 2017 y el consecuente debilitamiento de la facción de Los Dámaso que buscaba mantener influencia en el corredor del Pacífico, se generó un vacío de poder que desencadenó una intensa disputa territorial.

Fue en este escenario donde el CJNG desplegó a Los Delta para ejecutar una ofensiva metódica en el estado. A diferencia de los enfrentamientos frontales de alta visibilidad, la estrategia combinó el descabezamiento selectivo de mandos locales remanentes, la cooptación de redes de comunicación y el establecimiento de controles en los municipios que colindan con Jalisco y Sinaloa.

Con la consolidación de esta presencia, Los Delta lograron tomar el control de puntos neurálgicos como Tepic, Xalisco y la franja costera de Bahía de Banderas y Sayulita. La importancia de Nayarit no radica únicamente en el mercado local, sino en su posición como puerta de entrada al noroeste de México y corredor estratégico para la logística de insumos químicos y drogas sintéticas.

La captura de estas zonas implicó sustituir por completo la antigua arquitectura criminal impuesta por la dinastía Beltrán Leyva-H2 por un modelo altamente estructurado de vigilancia y control territorial.

Presencia Nacional y Proyección Operativa

La influencia de Los Delta se extiende sensiblemente más allá de las fronteras de Jalisco y Nayarit. Su huella operativa se identifica en diversos estados donde el cártel mantiene disputas activas o necesita consolidar hegemonía logística:

En el estado de Jalisco, la facción mantiene su centro de operaciones principal, especialmente en los municipios que integran la Zona Metropolitana de Guadalajara y la región de los Altos, donde han ejercido un control estricto sobre actividades ilícitas urbanas.

En Colima, la presencia de células aliadas a Los Delta resulta crucial para resguardar las rutas terrestres que conectan directamente con el puerto de Manzanillo, punto estratégico fundamental para el ingreso de precursores químicos.

En Michoacán y Guanajuato, unidades tácticas vinculadas al sello Delta han actuado como unidades de refuerzo en frentes de conflagración abierta contra grupos locales, aplicando tácticas de contención armada y aseguramiento de franjas limítrofes.

El despliegue de esta facción evidencia la transición del crimen organizado en México hacia modelos de seguridad corporativa criminal, donde células especializadas no solo combaten por territorio, sino que absorben, reorganizan y administran las estructuras de mercado dejadas por organizaciones en declive. Los Delta representan esa cara del CJNG: un brazo táctico adaptable, letal y con capacidad de proyección en los puntos más disputados del mapa geográfico nacional.