Los Chapos se quedan solos, siete grupos se han separado del Cártel

El mapa criminal en el noroeste de México ha experimentado una profunda reconfiguración en los últimos años, un fenómeno marcado por la fragmentación interna, las rupturas estratégicas y el surgimiento de disputas armadas entre facciones que anteriormente operaban bajo una misma bandera orgánica.

La estructura que durante décadas se consolidó bajo la hegemonía del Cártel de Sinaloa atraviesa un proceso de desgaste derivado de violentas pugnas entre las descendencias y liderazgos de sus fundadores. En particular, la facción conocida como Los Chapitos, encabezada por los hijos de Joaquín Guzmán Loera, enfrenta un escenario caracterizado por la deslealtad operativa, el repliegue de grupos armados subalternos y la declaración explícita de hostilidades por parte de células armadas que en el pasado constituían su brazo ejecutor y financiero en diversos estados de la República Mexicana.

Investigaciones especializadas y análisis académicos sobre la dinámica de la delincuencia organizada en el país, como los estudios desarrollados por el especialista Víctor Manuel Sánchez Valdés para la Universidad Autónoma de Coahuila, permiten cartografiar con precisión el fenómeno de la ruptura interna.

La infografía institucional y los reportes de inteligencia señalan que el núcleo duro de Los Chapitos ha sufrido el abandono y la traición de al menos siete estructuras criminales clave que operaban en zonas geoestratégicas clave, que abarcan desde la frontera norte en Sonora y Chihuahua hasta los bastiones históricos del pacífico en Sinaloa.

Esta desarticulación no responde a un evento aislado, sino a un efecto dominó desencadenado por la recomposición de alianzas, el hostigamiento de las fuerzas armadas y la feroz competencia por el control de las rutas del narcotráfico internacional, la extorsión local y el tráfico de fentanilo.

Los Paredes y perdida de control de la frontera

Una de las fracturas más significativas en el estado de Sonora es la encabezada por la organización denominada Los Paredes, un clan con amplia trayectoria en el tráfico transfronterizo. Bajo la conducción directiva de Marco Antonio Paredes Ponce, conocido con el alias de Marquitos, esta estructura criminal dominó durante años los corredores de entrada hacia el estado de Arizona, sirviendo como un engranaje logístico fundamental para el traslado de cargamentos ilícitos hacia territorio estadounidense.

La alianza histórica entre Los Paredes y la facción de los hijos de Guzmán Loera permitió el control militarizado de pasos fronterizos en municipios clave; sin embargo, las crecientes exigencias financieras, las presiones operativas y la disputa por la primacía en la toma de decisiones terminaron por socavar la confianza mutua.

El distanciamiento de Los Paredes representa para Los Chapitos una pérdida sustancial en la infraestructura de transporte y resguardo en el norte del país, debilitando su hegemonía en una de las fronteras más codiciadas por el crimen organizado.

Los Salazar, eran el brazo armado

En el mismo entorno sonorense se sitúa la ruptura con Los Salazar, una de las células armadas más longevas y violentas de la región. Dirigida históricamente por mandos de arraigo territorial y actualmente asociada al liderazgo de Crispín Salazar Zamorano, apodado El Tío Pin, esta facción desempeñó un rol determinante como el brazo armado encargado de contener a grupos rivales y asegurar el dominio del Cártel de Sinaloa en el noroeste.

Los Salazar no solo garantizaban la seguridad de los convoyes de droga, sino que ejercían un férreo control social y económico en múltiples comunidades. La separación de la célula de Crispín Salazar Zamorano respecto a la línea de mando de Los Chapitos marca un punto de inflexión en la guerra por Sonora. La pérdida de esta fuerza de choque ha dejado a la facción central de Sinaloa expuesta a contraofensivas de otros grupos contendientes y ha desatado una serie de enfrentamientos armados en municipios donde antes imperaba un dominio unificado.

Los Cazadores y el abandono de Sonora

A este escenario en el estado de Sonora se suma la separación de la agrupación criminal conocida como Los Cazadores. Encabezada por José Grijalva Rico, identificado en la estructura delictiva como El Chefo, esta célula operaba fundamentalmente como una unidad de asalto, sicariato y contención territorial.

Los Cazadores destacaron por su capacidad de despliegue táctico en zonas urbanas y rurales, sirviendo como la primera línea de defensa de los intereses de Los Chapitos frente a incursiones de cárteles enemigos. La traición o ruptura de El Chefo y sus subordinados desarticuló el esquema de seguridad perimetral que la cúpula del Cártel de Sinaloa había establecido en el desierto sonorense.

Al perder el respaldo de Los Cazadores, Los Chapitos vieron reducida su capacidad de respuesta operativa en la región, lo que facilitó la atomización del conflicto y la multiplicación de células independientes que hoy disputan el territorio tramo a tramo.

Rompimiento con Salgueiro y el abandono de Durango

Más al oriente, en el estado de Chihuahua, el distanciamiento de la estructura identificada como Salgueiro Nevárez representa un golpe demoledor a las aspiraciones de expansión y consolidación fronteriza de Los Chapitos. Esta facción, con profundo arraigo en el sur de Chihuahua y en la región serrana colindante con Sinaloa y Durango, ha estado bajo la influencia de Ruperto Salgueiro Nevárez, conocido en el hampa como El 37.

Durante años, el grupo Salgueiro funcionó como un pilar inamovible para la siembra, procesamiento y trasiego de estupefacientes en la zona del Triángulo Dorado, además de ser el contrapeso militar directo frente a las incursiones de bandas rivales procedentes de Ciudad Juárez.

El repliegue y la desconexión de El 37 respecto al mando de los hijos del Chapo Guzmán quebraron la continuidad de la cadena de suministro y la protección en zonas de alta montaña, abriendo brechas de vulnerabilidad en una zona geográficamente estratégica para el resguardo de laboratorios clandestinos y rutas de fuga.

Los Avendaño y el control de la Sierra

El fenómeno de la deserción no se ha limitado a los estados fronterizos o de la sierra, sino que ha penetrado en el corazón del territorio sinaloense, el bastión histórico de la organización. Muestra de ello es la ruptura con la familia y estructura de Los Avendaño, representados por Martín Gaudencio Avendaño Ojeda.

La relación entre Los Avendaño y el Cártel de Sinaloa se remonta a varias décadas, caracterizándose por la gestión de redes de lavado de dinero, aprovisionamiento logístico y articulación de contactos para el tráfico internacional. La distancia marcada por Martín Gaudencio Avendaño Ojeda frente a las directrices de Los Chapitos refleja el descontento de los sectores tradicionales de la organización ante el estilo de liderazgo, considerado por diversos analistas como más agresivo e impredecible, de las nuevas generaciones. Esta separación priva a la facción de Guzmán de importantes canales financieros y de la protección de redes familiares altamente consolidadas en el centro de Sinaloa.

Se va el grupo del 00

En el ámbito estrictamente operativo y táctico dentro de Sinaloa, las traiciones del denominado Grupo del 00 y del Grupo del 11 han desequilibrado la correlación de fuerzas en la capital del estado y sus municipios periféricos. El Grupo del 00, bajo el mando directo de René Bastidas Mercado, conocido con el alias de El 00, constituía una facción fuertemente armada especializada en operaciones de alto impacto, resguardo de jefes de plaza y enfrentamientos de alta intensidad.

La decisión de René Bastidas Mercado de desvincularse de la línea de Los Chapitos privó a estos de una de sus unidades de combate más experimentadas. La pérdida de lealtad de este grupo no solo significó una disminución cuantitativa de combatientes, sino la filtración de inteligencia táctica sobre las rutinas, escondites y esquemas de movilidad de la alta cúpula, aumentando de manera drástica los riesgos para la seguridad personal de los líderes restantes.

El Grupo 11, también en desbandada

Por su parte, el denominado Grupo del 11, encabezado por Juan Carlos Bernal Zazueta, alias El 11, completa el cuadro de la fragmentación interna en el territorio sinaloense. Esta célula operaba como un brazo de contención e inteligencia en áreas clave de tránsito entre la zona urbana de Culiacán y los municipios rurales contiguos.

La separación de Juan Carlos Bernal Zazueta confirma el patrón de colapso en la cadena de mando intermedia de Los Chapitos. Al quedarse sin la lealtad del Grupo del 11, la facción central ha visto seriamente afectada su capacidad para monitorear los movimientos de las fuerzas de seguridad federales y de facciones enemigas, lo que ha derivado en un clima de paranoia interna, purgas violentas y un debilitamiento progresivo del control territorial que solían ejercer sin contrapesos.

El análisis integral de estas siete escisiones permite concluir que el conflicto interno en el Cártel de Sinaloa trasciende la mera disputa por la sucesión del mando tras las capturas de sus fundadores históricos. La desvinculación sistemática de células como Los Paredes, Los Salazar, Los Cazadores, Salgueiro Nevárez, Los Avendaño, el Grupo del 00 y el Grupo del 11 demuestra que el modelo de confederación de familias y grupos armados que funcionó durante el apogeo de la organización ha entrado en una fase de obsolescencia y crisis severa. Las nuevas dinámicas criminales, caracterizadas por el tráfico de sustancias sintéticas y la diversificación de rentas ilícitas, han acelerado las fricciones económicas y de poder entre mandos regionales y la cúpula central.

Este escenario de fragmentación tiene consecuencias directas para la seguridad pública en las regiones afectadas. La pérdida de hegemonía de Los Chapitos ha generado vacíos de poder que son rápidamente disputados mediante el uso desmedido de la violencia, lo que se traduce en un incremento preocupante de los índices de homicidios, desapariciones y desplazamientos forzados en municipios de Sonora, Chihuahua y Sinaloa. Las células que antes operaban como engranajes de un mismo engranaje hoy se enfrentan entre sí o buscan alianzas opuestas, remodelando de forma vertiginosa la cartografía del crimen organizado en México y anticipando una etapa de alta volatilidad en la que las antiguas lealtades han quedado subordinadas a la supervivencia operativa y al dominio de los mercados ilícitos en la frontera norte.