Por. J. Jesús Lemus
El Vaticano ha puesto fin a las especulaciones diplomáticas. A través de una aclaración emitida desde la Santa Sede por el portavoz Matteo Bruni, la diplomacia vaticana confirmó que el Papa León XIV no incluirá a México en su próxima gira apostólica por el continente americano.
El anuncio ocurre tras una breve turbulencia mediática provocada por la prefecta del Dicasterio para la Comunicación, María Montserrat Alvarado, quien mencionó que el pontífice visitaría un templo dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe, lo que inicialmente fue interpretado en círculos políticos eclesiales como una escala confirmada en la Basílica del Tepeyac, en la Ciudad de México. Sin embargo, la Santa Sede precisó que la referencia correspondía a una modesta parroquia del mismo nombre ubicada en el barrio de Casavalle, en Montevideo, Uruguay.
La exclusión de la nación azteca en este trayecto papal representa una señal de enorme impacto en la geopolítica eclesiástica latinoamericana. Mientras el pontífice desplegará una intensa agenda pastoral que tocará las geografías del Cono Sur y la región andina, México, el segundo país con mayor número de católicos en el mundo, vuelve a ser postergado de la itinerancia vaticana.
Viaja hacia el sur de América
La decisión oficial dibuja una cartografía apostólica clara: León XIV comenzará su viaje del 6 al 8 de noviembre en Uruguay, tocando las localidades de Montevideo, Paysandú y Florida. Posteriormente, continuará hacia Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre, donde recorrerá Buenos Aires, Córdoba y el santuario de Luján. Finalmente, cerrará su periplo sudamericano del 11 al 17 de noviembre en Perú, donde visitará la capital Lima, así como las ciudades de Chiclayo, Cusco y Pucallpa.
Más allá de la logística pastoral y las agendas institucionales de la Santa Sede, el revés diplomático resonó fuertemente en los pasillos de Palacio Nacional y en las filas del partido oficialista. La ausencia de León XIV en territorio mexicano adquiere una dimensión política insoslayable si se analiza a la luz de las crecientes fricciones entre la Conferencia del Episcopado Mexicano y la administración federal encabeza por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Durante los últimos meses, el clero mexicano ha intensificado de forma inédita sus reclamos y denuncias públicas frente al avance de la criminalidad, colocando el dedo en la llaga sobre la crisis de violencia que azota a amplias franjas de la república.
Es el eco de las denuncias de los obispos
El núcleo central de esta tensión radica en las abiertas acusaciones formuladas por obispos, cardenales y la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México. Desde diversos púlpitos y documentos pastorales, la jerarquía católica ha denunciado de forma sistemática el control territorial de facto ejercido por los cárteles de la droga y las estructuras del crimen organizado en múltiples regiones del país.
Los prelados señalan que vastas comunidades viven bajo un estado de indefensión permanente, extorsionadas por poderes fácticos que imponen cobros de piso, despojan tierras y administran la justicia local con absoluta impunidad. En este severo diagnóstico, la Iglesia católica ha cuestionado con dureza la efectividad y la voluntad de la autoridad federal para encarar frontalmente la inseguridad, acusando a la estrategia estatal de omitir la protección efectiva de la ciudadanía.
En este complejo contexto institucional, la eventual visita de León XIV se perfilaba como una pieza clave de legitimación dentro de la agenda de la administración de la Cuarta Transformación.
Para la presidenta Sheinbaum, lograr el desembarco del Sumo Pontífice y proyectar postales de cercanía con el jefe de la Iglesia católica significaba un codiciado activo político:
Un aval explícito —o al menos una tregua simbólica— de la Santa Sede frente al marcado desgaste que acumula el modelo de gobierno, severamente cuestionado por la oposición y diversos sectores de la sociedad civil debido a los escándalos de corrupción estructural y al saldo sangriento que arroja la política de seguridad heredada del sexenio anterior.
Un abrazo apostólico en la Basílica de Guadalupe hubiese servido como un potente amortiguador comunicacional ante la indignación social impulsada por los obispos.
También AMLO fue desairado pro Francisco I
Esta negativa vaticana no representa un fenómeno aislado, sino la continuidad de una postura distante que Roma ha mantenido hacia el liderazgo de la Cuarta Transformación. El propio expresidente Andrés Manuel López Obrador albergó durante su mandato el firme deseo de recibir a una autoridad papal en suelo mexicano, aspiración que llegó a explicitar a través de gestiones e invitaciones formales dirigidas al Vaticano.
Sin embargo, el Papa Francisco ni siquiera contempló la solicitud mexicana en sus viajes internacionales, manteniendo una calculada distancia frente al proyecto político lopezobradorista y sus intentos por instrumentar símbolos religiosos en el discurso público.
La decisión de León XIV de no incluir a México en su gira reafirma esa misma distancia estratégica. En la interpretación diplomática, el Vaticano demuestra una refinada sensibilidad institucional al evitar ser utilizado como un escenario de validación política para un gobierno envuelto en graves señalamientos por el deterioro del Estado de derecho y el abandono de la seguridad ciudadana.
La jerarquía pontificia opta por respaldar de forma implícita los diagnósticos emitidos por sus propios obispos en el terreno, quienes lidian cotidianamente con los estragos del poder criminal en las diócesis más castigadas del país.
El portazo diplomático desde la Ciudad del Vaticano dejas al descubierto los límites de la proyección internacional del actual gobierno federal. Mientras la gira papal abarcará el Cono Sur y la Amazonía peruana en un despliegue de cercanía con comunidades locales, México queda al margen de la cartografía vaticana, atestiguando cómo el deterioro de la paz interna y el choque frontal con la Iglesia católica mexicana continúan cerrando puertas y desacreditando el discurso oficial en el escenario global.
